Son como los demás niños de clase, pero los complejos y las burlas surgen pronto: cuando tardan más en leer y escribir o en aprender los números. Se estima que entre el 3% y el 10% de la población padece dislexia, que se esconde tras un bajo rendimiento escolar no explicable por su trabajo y capacidad intelectual.

La dislexia no es una enfermedad ni implica retraso intelectual. De hecho, la lista de genios y personajes de éxito que la sufren o la sufrieron es enorme: Steve Jobs, Walt Disney, Pablo Picasso, Jennifer Aniston, Salma Hayek, Whoopi Goldberg y un largo etcétera. En realidad se trata de una dificultad de aprendizaje con base neurológica que afecta a la escritura y la lectura, no se cura y varía de una persona a otra. A menudo, coexiste con afecciones relacionadas, como la dispraxia -falta de coordinación de los movimientos-, la discalculia -dificultad para aprender los principios del cálculo- o el trastorno por déficit de atención. Sin embargo, un diagnóstico precoz y contar con sistemas alternativos a la lectoescritura convencional pueden evitar el sufrimiento de estos menores y sus familiares y contribuir que desarrollen sus capacidades al completo. El conocimiento científico y tecnológico son una ayuda para conseguirlo.

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TRASTORNO INVISIBLE. Una de las personas que cree firmemente en ello es la lingüista y doctora en Ciencia Computacional Luz Rello. A sus cinco años, memorizaba lo que necesitaba para ocultar su dislexia y no quedar en evidencia, un truco que le sirvió hasta que llegaron los suspensos por las faltas de ortografía. Una profesora descubrió su problema cuando ya tenía diez años. «Es un trastorno oculto, estás delante de alguien que lo padece y no lo ves,…»

Fragmento del reportaje para la Revista Muy Interesante.